Archivo para junio, 2007

“Del olvido al no me acuerdo” de Juan Carlos Rulfo

Posted in Uncategorized on junio 26, 2007 by cinedelguiye

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Del olvido al no me acuerdo se rodó en Llano Grande, Jalisco, de donde es originaria la familia Rulfo, con el apoyo distintos fondos culturales de México y los Estados Unidos. Su título original era “Los desmemoriados”, en alusión a la fragilidad de los recuerdos. Sin embargo, Del olvido al no me acuerdo resultó, en palabras de su director, un título más apropiado porque reproduce el sentimiento de los entrevistados.

El personaje que todos nombran “Juan” no es otro que el escritor Juan Rulfo, autor de “El llano en llamas” y “Pedro Páramo”, dos de las obras más importantes de la literatura mexicana. La cinta es, en cierto modo, según su director, parecida a la novela de su padre, en la que también un hijo busca a su progenitor. Del olvido al no me acuerdo es mitad documental y mitad testimonio sobre la vida del gran escritor jalisciense.

La cinta es un homenaje a la memoria colectiva del México de finales del siglo veinte, a Juan Rulfo y a todos aquellos que lo conocieron… aunque no se acuerden de él.

Sinopsis:
La memoria y los recuerdos de un grupo de ancianos y adultos del estado mexicano de Jalisco. El pretexto es la búsqueda de Juan, del que nadie recuerda nada. El afán por armar el rompecabezas en el que Juan se ha convertido, como si fuese un mito, nos lleva a descubrir a personajes entrañables.

Juevs 28 de Junio a las 18:00 hrs. en la Sala de Audovisuales de la Universidad de La Frontera. Entrada Liberada.

“Sin Aliento” de Jean Luc Godard

Posted in Uncategorized on junio 20, 2007 by cinedelguiye

Jean Luc Godard: Reinventando el cine contra el discurso hegemónico

por Gustavo Suarez

Radicalidad estética, compromiso político, un sinfín de citas culturales en cada plano y un constante diálogo. Entre los distintos lenguajes del mundo audiovisual es la constante en la filmografía del suizo que allá por fines de los ’50 revolucionó junto a sus camaradas de la nouvelle vague una cierta forma de ver y hacer cine.

Samuel Fuller, Marilyn Monroe, el cine italiano, Virginia Woolf, todos y cada uno de ellos forman parte de un imaginario que por sobre toda las cosas pensó el arte como una forma de resistencia frente al orden, la moral y las buenas costumbres.

Su primer filme, “sin aliento”, es, sin lugar a dudas, una ópera prima contundente, plagada de homenajes al policial negro y a un determinado cine americano. París nunca había sido fotografiada de manera tan magistral como por Raúl Coutard. Es la historia de un amor fou entre un evadido de la justicia y una americana inolvidable en el rostro de Jean Seberg, y es también la historia de una traición.

Luego de este filme, Jean Paul Belmondo iría en camino de convertirse en icono de su cine. Es por esos años que Godard se encuentra con Anna Karina, con quien vivirá un apasionado romance. Filmes como Alphaville, Pierrot le fau, Una mujer es una mujer, y sobre todo ese homenaje a la prostituta que vende su cuerpo pero no su alma, Vivir su vida, es la constatación que Godard no filmaba a Anna Karina sino que la acariciaba con la cámara.

Para hablar de la obra godardiana podemos citar tres momentos definidos: el primero corresponde a una manera más clásica de filmar, con influencias de Ford, Fuller, y la novela policial americana. Un segundo vinculado a su etapa política militante con el grupo Dziga vertov, junto a Jean Pierre Gorin y Juliet Bertó. Y el tercero en que comienza a reflexionar sobre las posibilidades del lenguaje digital y televisivo, así como una exacerbación del montaje anárquico y el choque entre sonido e imágenes.

La mítica revista Cahiers du cinema es parte fundamental de esta historia ya que desde sus páginas nació la escuela cinematográfica más importante del cine contemporáneo y es allí donde Godard, Rivette, Truffaut, Rohmer y Chabrol bajo el ala de Andre Bazin le mostraron a las jóvenes generaciones de cineastas el camino para su emancipación de la industria cultural.

Cuenta una anécdota que un día el gran Luis Buñel, muy poco propenso a la crítica cinematográfica le agradeció a Bazin el hecho de haberlo ayudado a encontrar en uno de sus filmes un sinfín de significados que él ignoraba. Y es que los Cahiers conjugaban un profundo conocimiento del cine, la semiología, la filosofía y la situación política.

Eran los años del mayo francés y una situación radical por doquier; el free cinema británico, el cinema nuovo brasileño y la generación del ’60 en Argentina no hubieran sido posibles sin el espejo que significaba lo que estaba pasando con el cine en pleno corazón de Europa.

Nada quedó en pie después de los nouvelle, ni el cine de qualite, ni la estética tradicional ni el mismísimo festival de Cannes al que interrumpieron intempestivamente.

Es por esos años que Godard influenciado por la situación política decide que su cámara se convierta en un fusil y crea el Dziga-vertov, grupo cinematográfico de choque, heredero del cine soviético de propaganda.

Ya desde el nombre las cosas quedan en claro, Dziga-vertov y no Einseinstein al que consideraban un cineasta burgués. Títulos como Pravda, Lutta de clases y tantos ortos forman parte del legado de este colectivo, militantes en su gran mayoría maoístas que utilizan al cine como pizarrón para educar a las masas. El mismo Godard que filmó en Viet Nam, Palestina, y que de alguna manera había preanunciado las jornadas del ’68 con La Chinoise pasó a un ataque furibundo contra la revista que lo vio nacer. Para él no había camino de retorno.

Ya entrado los ’80, Save qui pet la vie toma como referencia a Caín y Abel para hacer la contraposición entre cine y video, tema de gran parte de su cine en esta época con obras complejas, herméticas, deformes en un sentido, como son Nouvelle vague, con Alain Delon, Prenom Carmen, con Tom Waits desde la banda de sonido y poco y nada de Bizet y la que sería su obra más polémica, Yo te saludo María, censurada, atacada, con la aparición de los personajes nefastos de siempre intentando controlar nuestras mentes.

En los noventa cuando comienza a planificar la que sería hoy su obra más emblemática: las Historie(s) du cinema, previo paso por la Alemania post muro en Allemagne neuf zero o el compromiso de los intelectuales ante la guerra de los Balcanes en Forever Mozart, el viejo Jean Luc lo hace de nuevo, mientras gran parte del cine se dedica a servir de pantalla a la farsa actual, él sigue incomodando a los poderosos de siempre, desde el cine y desde la vida.

Su obra monumental dividida en cuatro capítulos y que en mucho podría decirse que se parece a JLG-JLG, su autorretrato, no es la historia del cine contada por Godard, son historias emotivas, de memoria, de belleza, de riesgo, contada por el artista y el cinéfilo más que por el crítico.

Aquí me gustaría hacer un paréntesis. Mucho se ha hablado del video y los nuevos lenguajes frente a la imposibilidad de filmar en el formato cine, esa postura llorosa fue mantenida durante demasiado tiempo. También el hecho de que la imaginación y la radiacalidad son cuestiones de edad. Ahora bien, mientras los noveles cineastas reproducen a pie juntillas los dictados de la estética MTV, cineastas de casi ochenta años, en su gran mayoría producen una segunda revolución en la percepción de los medios audiovisuales, Chris Marquer, Agnes Varda, Resnais, anuncian que el lenguaje audiovisual posee mil y una maneras de abordarlo si se lo utiliza como un instrumento de reflexión y no como juguete para chicos aburridos.

Las historias de Godard nos hablan de cine y su analogía con el material bélico, del cine italiano, de los productores de riesgo como Irving Thalberg, del genocidio y la complicidad de muchos intelectuales, de muerte, de vida.

Para quién esto escribe hablar de Godard es hablar de parte de su existencia, de su gusto por el séptimo arte, de horas placer pasadas frente a una pantalla. Como olvidar los ojos de Jean Seberg, el final de Pierrot, le fau, a Isabelle Hupert, tan bella y talentosa como siempre, a esa virgen María tan real y deseable, a la máquina inteligente de Alphaville, ese travelling majestuoso y cargado de significado en Toud va bien, a Brigitte Bardot en El desprecio, y así tantos y tantos planos que cambiaron mi visión sobre el mundo.

Con su obra no hay términos medios, se la desprecia o se al admira, nunca se lo ignora. La existencia del arte está para eso.

Y por sobre todas las cosas, Godard es un artista… y con mayúsculas.

“The Fountain” de Darren Aronofsky

Posted in Uncategorized on junio 12, 2007 by cinedelguiye

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Dirigida por el realizador neoyorkino Darren Aronofsky, y con guión de él mismo y su mejor amigo, Ari Handel, se estrenará próximamente The Fountain, traducida en España con el infame nombre de “La Fuente de la Vida”, que no da sentido al argumento ni la resume en absoluto. Tuvimos la oportunidad de verla la semana pasada en el Festival de Cine Fantástico de Sitges, y la verdad, es bastante recomendable.

El hecho de que Handel, co-guionista, sea también doctor en neurocirujía, ayudó sin duda a Aronofsky, director así mismo de “Pí” y “Réquiem por un sueño”, a configurar la trama, complicado ejercicio de simultaneidad temporal. Si ya la tarea de escribir el guión fue complicada (después veréis porque), desde el principio hubo problemas más… técnicos. Darren tuvo que realizar grandes esfuerzos, y volverse literalmente loco para ver finalizada esta producción. En un inicio, la Warner Brothers puso sus ojos en el proyecto, y Brad Pitt era el destinado a dar vida a su protagonista masculino, junto a la estupenda Cate Blanchett (Galadriel en El Señor de los Anillos). Pero el guaperas Pitt vió el guión poco adecuado para su carrera y finalmente declinó su participación, dejando en la cuneta a todo el equipo técnico desplazado a Australia. Tras Brad, que terminó rodando “Troya”, se fue corriendo cual gacela Blanchett, y tras ellos dos los 100 millones de dólares de presupuesto inicial. Por supuesto, Aronofsky, que había rechazado jugosas ofertas económicas y artísticas por filmar “The Fountain”, entre ellas el último “Batman” y la esperada “Watchmen”, se volvió loco de atar: su proyecto, largamente acariciado, se esfumaba. Los estudios le retiraron los fondos y todo terminó, menos el crujir de sus uñas cada vez que las mordía. Tras tres años de esfuerzos, estábamos en el 2002 y el proyecto parecía morir.

Pero Aronofsky no se rindió. Llegó a la conclusión de que, si con 60.000 dólares de nada (según los cánones de la industria estadounidense del cine) fue capaz de rodar la exitosa e icónica “Pí”, podría hacer “The Fountain” sin tan jugoso presupuesto. Reescribió el guión para convertir su película en más barata para los estudios y llamó de nuevo a su puerta. Y quien la sigue, de vez en cuando la consigue. Con más de 30 millones de dólares, que ya está bien, y con Hugh Jackman (Lobezno en Xmen) y la guapísima Rachel Weisz, como protagonistas, y con la Warner de nuevo por medio, este magnífico cuento sobre el dolor ve la luz por fin. Aronofsky por fin respira.

No se confundan. La crítica, antes de verla sin duda, ha englobado automáticamente dentro del género de la ciencia ficción a “The Fountain”, a causa de las primeras fotos del rodaje que transcendieron. Pero nada más lejos. La última película de Aronofsky es un canto al dolor que produce de vez en cuando la vida, del esfuerzo por superar la muerte inminente de un ser querido, sobre la resignación.

Tommy Creo (Hugh Jackman), un reputado médico, lucha por descubrir una cura para el tumor que padece su mujer Isabel (Rachel Weisz). Experimenta con primates intentando descubrir la causa y la cura, mientras su esposa languidece próxima a la muerte. Ella intenta que pase con él sus últimos momentos y acepta su inminente muerte, mientras que Tommy ve en los progresos de sus experimentos la cara de la esperanza. Pasa todo el tiempo en sus laboratorios mientras ella empeora día a día. Pese a todo, Isabel comprende y anima a su marido, consciente de que, a pesar de la futilidad del intento, él necesita seguir adelante. Mientras, escribe un pequeño libro, que espera sirva a Tommy para aceptar su destino.

Un argumento inicialmente tan simple se complica y enriquece enormemente por la originalidad del planteamiento de Aronofsky. No se conforma con reflejar el dolor habitual de este tipo de situaciones, garantizado ya por la emotividad inherente a una enfermedad de este tipo, sino que va más allá. Utiliza la historia que escribe Isabel y los pensamientos de Tommy para crear dos realidades paralelas que rivalizan entre sí por alegorizar el dolor real y los sentimientos que atraviesa el protagonista. El espectador se ve atrapado inicialmente por este desdoblamiento perturbador, que resulta confuso a las primeras de cambio, pero se torna imprescindible más tarde, según evoluciona la trama. La fotografía es inmensa, preciosista, está perfectamente dibujada y planificada para ayudar a entender mejor los sentimientos de Tommy. Con el Árbol de la Vida como conductor común y aparente destino final, el personaje interpretado por Jackman evoluciona su dolor desde la rabia y la desesperación, a la impotencia y quizá la aceptación de la muerte de su esposa, pero no sin antes pasar por una serie de estados intermedios, alegorizados de forma contínua por estas dos realidades paralelas.

La metafísica, contínuamente presente en estas dos realidades, quizá pueda agotar y confundir a parte del público, pero sin duda la visión de esta película no dejará indiferente a nadie, no tanto por la crudeza de las emociones y la espectacularidad de las imágenes, sino por la curiosa mezcla de realidad y fantasía épica que consigue Aronofsky. No es una producción para todos los públicos, está claro; el director no la ha rodado para las grandes masas. Ha escrito una historia destinada a hacer pensar en lo que de verdad merece la pena, a conmover la fibra sensible y a disfrutar de las alegóricas visiones.

Hugh Jackman se destapa como un auténtico actor dramático, está de veras inmenso, lo cual resulta una sorpresa. Sus registros interpretativos, escasamente explotados en otros proyectos, se ven reflejados en el protagonista de “The Fountain” de forma magistral. Son en realidad tres papeles en uno, aunque todos ellos con el mismo nexo de unión, la espina dorsal de la película: comparten el mismo dolor, y el mismo afán de superación del mismo.

Pese a que muchos críticos desdeñan a Rachel Weisz, para mí es una buena actriz, sobre todo en papeles dramáticos, como es el caso. Pese a lo difícil de su situación enfermiza, transmite a la perfección el optimismo desesperado destinado a animar a su pareja que comparten algunos enfermos terminales. Los distintos grados de degeneración de su salud saltan a la vista al espectador, que empatiza con ella en mayor grado si cabe gracias a su buena interpretación.

Mención aparte merece la madura Ellen Burstyn, que repite con el director tras intervenir en “Réquiem por un sueño”, por su buen hacer en el papel de Lilian, una compañera de trabajo de Tommy, que intenta poner un poco de cordura en éste. Como siempre, muy eficaz y sobria.

Insisto, la complejidad de la película puede asustar en un inicio, pero rápidamente la historia envuelve al espectador, merced a las imágenes y a las tres historias enlazadas. El ritmo narrativo es constante y uno tiene la contínua sensación de avanzar hacia un lugar en concreto, pese a que en ocasiones las escenas parezcan sucederse de forma arbitraria. Aronofsky no tiene piedad con nosotros, y la música de Clint Mansell no resulta ser demasiado brillante, aunque acompañe a la perfección a las imágenes: eso sí, si queréis música para conciliar el sueño por las noches, comprad la banda sonora.

“The Fountain” es bastante recomendable, pero eso sí, como siempre hay que ser consciente de lo que uno va a ver… cuestión de gustos. En el pasado Festival de Venecia, el público acogió la película con una mezcla de aplausos y abucheos a partes iguales, sin embargo, la recepción en el estreno en Sitges ha sido apoteósica: aplausos por doquier. Vosotros decidís…

 

Jueves 14 de junio a las 18:00 hrs. en la Sala de Audiovisuales de la UFRO

“Little Miss Sunshine” de Jonathan Dayton y Valerie Faris

Posted in Uncategorized on junio 6, 2007 by cinedelguiye

Ninguno de los Hoover ha logrado organizar su vida, pero no es porque no lo hayan intentado. El padre, Richard, un conferenciante motivacional desesperadamente optimista, está tratando de vender como sea su programa de 9 pasos hacia el éxito, sin demasiada suerte. Mientras tanto, Sheryl, la madre “pro-honestidad” de los Hoover se ve constantemente atosigada por los excéntricos misterios de su familia, especialmente por los de su hermano, un estudioso de Proust con tendencias suicidas que acaba de salir del hospital tras haber sido abandonado por su amante gay. Luego están los miembros más jóvenes de los Hoover con sus sueños imposibles – la reina Olive, de cuatro ojos y ligeramente gordinflona, a la que le encantaría ser una belleza y Dwayne, un airado adolescente lector de Nietzsche que ha hecho un inquebrantable voto de silencio hasta que consiga entrar en la Academia de las Fuerzas Aéreas. Como colofón dentro de la familia se encuentra el abuelo, un malhablado hedonista al que recientemente le han puesto de patitas en la calle en su residencia de ancianos por darle a la heroína. Cuando un golpe de suerte lleva a Olive a ser invitada a participar en el muy competitivo concurso de “Pequeña Miss Sunshine” en California, toda la familia Hoover se reúne para ir con ella. Se apilan en su oxidada furgoneta Volkswagen y se dirigen hacia el Oeste en un tragicómico periplo de tres días lleno de locas sorpresas que les lleva al gran debut de Olive – el cual cambiará a esta familia de inadaptados de una forma que nunca hubieran imaginado.

Este jueves 7 de junio a las 18:00 hrs. en la Sala de Audiovisuales de la Universidad de La Frontera.