“Tierra Tiembla” de Luchino Visconti

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Sobre Visconti

De orígenes aristocráticos, en los años treinta se aficiona al cine y,durante una estancia en París, conoce a Jean Renoir y trabaja con él. Debuta como director con “Obsesión (Ossessione)” (1942), adaptación a un ambiente italiano de la novela “El cartero siempre llama dos veces” de James M. Cain. En su primera película, Visconti recupera el talento de dos famosos actores del periodo fascista, Clara Calamai y Massimo Girotti, y los convierte en protagonistas de una historia llena de sensualidad, ambientada en lugares poco comunes. El resultado es una película de rotura, aborrecida por las autoridades, que anuncia una nueva concepción del cine.
En 1943 es arrestado por sus actividades antifascistas y ha de esperar hasta 1948 para rodar La tierra tiembla (La terra trema)”, adaptación de una novela de G. Verga, “Los Malavoglia (I Malavoglia)”. Película sobre la historia de una familia, interpretada por actores no profesionales y hablada en siciliano, se caracteriza por una potente plasticidad en la cual el melodrama se une a un sentido aristocrático, no populista, a pesar de sus influencias evidentemente marxistas. Sigue “Bellísima (Bellissima)” (1951) cuya visión del pueblo es gramsciana en el sentido más estricto de la palabra y que representa una feroz crítica del neorrealismo y, a la vez, una superación del mismo. En ella, se notan las influencias más dispares: Zavattini y “Cinema nuovo”, la Magnani y Hollywood, la Cinecittà de Blasetti y la del bromista Chiari. En cualquier caso, “Bellissima” es una obra fundamental del cine italiano en la cual es posible entrever algunas tenues señales que anuncian el cambio antropológico que se manifestará plenamente durante los años del boom y que Pasolini narrará con dolor.
En uno de sus mejores momentos, Visconti rueda “Senso” (1954), una relectura del Risorgimento exenta de hipocresías y un homenaje insuperable al mundo verdiano. “Senso” es una obra maestra indiscutible en la cual la perfección de la puesta en escena (piénsese a la secuencia inicial en el teatro o al veloz y febril desenlace final) se combina con una dirección ejemplar de los actores.
El periodo más fértil de la creatividad de Visconti se cierra con “Rocco y sus hermanos (Rocco e i suoi fratelli)” (1960), suma y compendio de su arte, expresado en las formas de un melodrama de notables efectos en el cual se narra la desintegración de una familia campesina al llegar a la ciudad. Influido por Mann y Dostoevskij, el director milanés coloca sus trágicos personajes fuera del tiempo y del espacio, entre el mito y la historia, y nos regala imágenes inolvidables entre las cuales destaca la escena del asesinato de Nadia, nueva Carmen, en el Puerto de Hidroaviones.
A partir de entonces, el indiscutible talento de Visconti estará al servicio de películas más o menos académicas, sin ninguna originalidad. Sin embargo, no faltarán obras espléndidas, como “El Gatopardo (Il Gattopardo)” (1963), donde la nostalgia por el pasado y la consciencia ideológica se entrelazan en una narración impecable bajo el aspecto figurativo. Ni faltaran, tampoco, obras de inusual inspiración, como “Ludwig” (1973), una película nocturna y espectral, tenebrosa y turbadora, con lúgubres presagios mortuorios. En cualquier caso, el lado estético y burgués – con el cual se ganará el mordaz apodo de “duque decorador” – terminará prevaleciendo.
Lejos de las polémicas políticas, dejará de ser autor para volver a ser director: ilustrador de gran categoría para un público culto y exigente, lamentablemente se irá alejando cada vez más del flujo de la historia.

El Neorrealismo

El movimiento conocido como neorrealismo aparece en Italia en torno a la segunda guerra mundial. Su principal característica es que representa la vida de cada día, a mitad de camino entre relato y documental, muchas veces con personajes de la calle en vez de actores profesionales. La escasez de medios y la falta de platós disponibles después de 1944 obliga a rodar en las calles, a ambientar los largometrajes en escenarios auténticos. Esto se convierte en una suerte de sello del neorrealismo, que de tales aparentes limitaciones extrae una inusitada carga testimonial.
Otro rasgo sobresaliente es que el acento se desplaza del individuo a la colectividad, con visible predilección por una narración de tipo coral. Por último, aunque no menos importante, destaca el lúcido análisis de los hechos, con una crítica abierta a la crueldad o a la indiferencia de la autoridad constituida.
La acepción de “nuevo” realismo surge de la necesidad de subrayar el carácter en verdad inédito de la corriente. Porque algunas connotaciones realistas aparecían ya en películas italianas de la época muda, como “Perdidos en la oscuridad (Sperduti nel buio)” (1914) de Nino Martoglio o “Assunta Spina” (1915) de Gustavo Serena, y ciertas obras de Blasetti (sobre todo “Tierra madre (Terra madre)” y “1860”, respectivamente de 1931 y 1934) ambicionaban dar una idea del país menos ideal y adornada que la que pretendía el régimen.
Aunque la discusión teórica del movimiento fue inesperadamente acogida por las revistas “Cinema” (nacida en el 36 y desde el 38 dirigida por Vittorio Mussolini) y “Bianco e nero” (aparecida en 1937 y llevada durante casi quince años por Luigi Chiarini), las señales de un cambio inminente no se concretan hasta la aparición de algunas obras como “Cuatro pasos por las nubes (Quattro passi fra le nuvole)” (1942) de Alessandro Blasetti y “Los niños nos miran (I bambini ci guardano)” (1943) de Vittorio De Sica. Con una madre soltera, una esposa adúltera y un marido suicida como protagonistas, disuelven la forzosa y forzada capa de decoro y pundonor que caracterizaba a la cinematografía del Ventennio.
De quebrar definitivamente aquellos esquemas se ocupa Luchino Visconti con “Obsesión (Ossessione)” (1943), tórrida versión junto al río Po de “El cartero siempre llama dos veces” de James M. Cain. Irrumpe aquí en las pantallas, por fin, una Italia verdadera, habitada por la miseria y la desocupación, vejada por una policía fisgona y persecutoria. Pasión, traición y muerte son los hilos de una historia contada sin fingimientos ni temores. La censura se alza una vez  más y la película sufre -sobre todo en el norte de Italia- problemas de distribución. Pero la senda hacia un cambio de época ya ha sido abierta.

“Tierra Tiembla” será visionada el jueves 26 de abril a las 19:00 hrs. en la Sala de Audiovisuales de la Universidad de La Frontera.

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